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sábado, 3 de noviembre de 2012

Un apasionado de la historia

Un apasionado de la historia




Leopoldo Ramírez Almeida es un joven de El Rompido al que todos conocen en Cartaya como Leo y del que todos sus amigos y conocidos reconocen su polifacética personalidad, lo que le ha llevado en los últimos años a montar una empresa de masajes, dedicarse a la animación infantil y sociocultural y a todo tipo de espectáculos relacionados con la materia, y hasta a emprender una aventura relacionada con el alquiler de atracciones infantiles.

Pero este joven inquieto, al que también se le reconoce desde pequeño una gran inquietud por el mundo de las letras y la literatura, ha pasado los últimos nueve meses trabajando en un proyecto que a la postre se ha visto recompensado con la publicación, con tan sólo 24 años, de su primer libro, El Legado Oculto de El Rompido. Una novela actual pero plagada de registros alusivos al pasado de su tierra natal, Cartaya y El Rompido, que Ramírez sitúa entre el género de la aventura, la intriga, lo policiaco y sobre todo lo histórico. Y es que rodeado de personajes relacionados con el Vaticano, así como entre policías y políticos corruptos, un joven estudiante de la Universidad de Huelva enamorado de la historia intenta en el año 2031 encontrar un tesoro (el legado oculto del Rompido), en el interior de los túneles que allá por el siglo XV excavaron los moradores de El Rompido y que conectaba el antiguo castillo de San Miguel Arca de Buey desde el que se vigilaba esta parte del litoral onubense, y la denominada Barranca situada actualmente a espaldas de El Rompido.

Un túnel que según especificó el propio autor en la presentación del libro, que tuvo lugar en el salón de plenos del Consistorio cartayero que le está ayudando en la difusión de la novela, servía para evacuar la zona en caso de invasiones de los piratas berberiscos que frecuentemente atacaban por aquellos entonces nuestras costas.

Así, entre piratas del siglo XV, ya que en el prólogo la novela se narra una de estas terribles incursiones, se mueve el hilo argumental de una novela calificada por su propio autor como "a caballo entre la leyenda y la realidad". Todos los registros a los que hace referencia su libro están documentados y extraídos del Archivo Histórico Municipal de Cartaya "donde he pasado muchas horas en los últimos meses recopilando todo tipo de información", así como en la tradición oral transmitida de padres a hijos desde hace siglos por los marineros de El Rompido.

El libro "habla de la historia de esta zona", a la que "he agregado ciertas dosis de ficción e imaginación a la hora de desarrollar la argumentación narrativa de cara a hacerlo más atractivo para el lector". Ramírez ha visto como se ha cumplido "un sueño" y hace frente de forma satisfactoria "a un enorme reto", sacando a la calle un libro "totalmente auto editado por mí y gracias a mis ahorros", el cual espera que "sirva de ejemplo para otros jóvenes con inquietudes literarias, así como que sea útil y a la vez atractivo para aquellas personas que deseen conocer mejor un trocito de su historia.
 






lunes, 23 de julio de 2012

fotografía desde el interior del túnel...

«El túnel oculto de; El Rompido»

«Según cuenta la leyenda, donde hoy se ubica el faro pequeño había un montículo no muy grande de piedras. En lo más alto de este montículo, se encendía todas las noches una hoguera para alumbrar a los barcos. Por el día se hacían señales de humo con la misma labor. Dependiendo de qué tipo de señales fueran, también podrían servir para advertir de un posible ataque. Este servicio lo realizaba un hombre contratado por los Marqueses para la vigilancia y mayor seguridad de los habitantes de la Villa. Posteriormente se mandaría construir un torreón en la fortaleza de San Miguel para cumplir con esta labor, siendo este punto de más altura y estando vinculado a la línea defensiva de la costa, que la realizaban las torres almenaras. Por debajo de este montículo se encontraba la Barranca, y con el paso del tiempo, justo al nivel del río se ubicaron unos chozos de simples materiales. Detrás de uno de esos chozos, concretamente el chozo de Maneli "El Portugués", se encontraba la entrada de piedras a una gruta que llegaba hasta el castillo de San Miguel. Los niños y adultos no eran capaces de introducirse más de dos metros en sus entrañas, pues una serie de gemidos y lamentaciones hacían de aquel siniestro y lúgubre orificio, la entrada a la misma boca de satanás. Aunque muchos de los marineros, condicionados por la humildad de sus hogares intentaron introducirse para apoderarse de los tesoros que aguardaban en el vientre de la cueva, no eran capaces y fracasaban en sus intentos»